
“La guerra contra las drogas tiene un nuevo frente, y por ahora parece ser que va perdiendo”, informa Brandon Keim en una publicación reciente.
Las imitaciones sintéticas de marihuana, drogas disociativas y estimulantes se están volviendo populares y difíciles de controlar. Cada vez que un compuesto es prohibido, químicos extranjeros sintetizan una nueva versión ajustada sólo lo suficiente para evadir una carta de ley.
Los fabricantes se encargan rápidamente de todo esto. De una semana a otra se realizan cambios minúsculos en la estructura química de un compuesto X, de lo cual resulta un compuesto similar, pero diferente.
En los últimos años el mercado de los euforizantes legales se ha disparado en Europa y Norteamérica. Los nombres y sus aparentes propósitos son casi cómicos — incienso “Sombrerero Loco” (Mad Hatter) de Cloud 9, popurrí “Materia Zombie Ultra” (Zombie Matter Ultra), sales de baño “Ola de Marfil” (Ivory Wave), y limpiador de tuberías “Crystal Clean” — pero la química subyacente es altamente sofisticada.
Los ingredientes activos en este tipo de drogas son compuestos, originalmente sintetizados por respetables investigadores institucionales, cuyas publicaciones científicas esotéricas fueron minadas por químicos y neurocientíficos aún no identificados que trabajan en Asia, de donde parecen provenir la mayoría de las nuevas drogas.
Mientras que algunas personas desconfían de las afirmaciones de que los euforizantes legales son peligrosos, los investigadores dicen que de hecho son mucho más potentes que los originales.
Los reportes de episodios psicóticos tras el uso de drogas sintéticas son comunes y han dado lugar a una serie de controles en ciudades de Estados Unidos, estados y el gobierno federal, que sin embargo, no están dando resultado, ya que un 95% de los productos han contenido compuestos que no están cubiertos por la ley. Estos habían sido sutilmente ajustados con el fin de tener una forma molecular diferente y legal mientras que desempeñaran el mismo rol psicofarmacéutico.

Imagen: Kevin Shanks
Brandon comenta que una solución alternativa obvia sería prohibir clases enteras de compuestos similares en vez de centrarse en fórmulas individuales.
No obstante, el toxicólogo forense Kevin Shanks de AIT Laboratories y miembro del Comité Asesor sobre Análogos de Sustancias Controladas, dice que es más fácil decirlo que hacerlo, pues afirma que el problema reside en que la comunidad científica no concuerda en lo que ‘análogo’ significa esencialmente.
Fuente
http://www.wired.com/ (en inglés)